Coleccionista de miradas.
Como mal ente en este mundo, me dediqué a pensar en la forma de mirar de las personas. Luego de unos años de práctica, me fui haciendo cada vez más diestro en ese arte, ahora, solo con mirar, me enteraba de los más oscuros horrores que podían pasar por la mente de las personas que me rodeaban, con solo mirar, era capaz de juzgar a una persona. Un día en que caminaba tratando de adivinar los pensamientos, se me acercó una señorita y me preguntó por qué yo trataba de saber que pensaba la gente, si acaso no me bastaba con mis propios horrores; yo le respondí que por favor me disculpara, que no había sido mi intención hacerla sentir incómoda, y que... en todo el tiempo que llevaba analizando miradas, nunca me había detenido a analizar la mía. Y era verdad, quizás habría sido la afirmación más real que había hecho en la vida; Jamás me había detenido a pensar en mi y fue ese día, cuando llegué a mi casa, y en la soledad de la noche me miré al espejo a ver que detectaba en mis ojos, y ahí encontré horrores peores a los que había podido adivinar en los ojos de la peor clase de persona, me aterré de saber quien era yo realmente; y me di cuenta de que no era un don, sino una maldición... que no era más que un bendito coleccionista de miradas.