Mírate, míranos, ¡me estoy vomitando! y no haces nada. ¡Mierda, no haces nada!. Eres un inútil en esto, no te das cuenta de cómo me duele hacerlo y tú sigues cosificando el amor... ¡Cosificando el amor!. Habrase visto algo como eso. En todos mis años, jamás había visto un amor más retorcido y asqueroso... He visto infinidad de maltratos, odios a muerte y amores infinitos, pero el tuyo... ¡Oh Dios mío! es asqueroso, es retorcido, terrorífico... No puedo seguir aquí, esto me sobrepasa.
Deeberías irte, correr y no volver a tocarla jamás, porque no la quieres, estúpido, ¡Imbécil! no la quieres. Pero ella sí te quiere, más de lo que tú eres capas de aceptar o de lo sencillamente te mereces, hombre denigrado, tipo de insecto, alimaña venenosa, insignificante y espantosamente miserable.
Eres lo último que quisiera ver el mundo en su obscura noche. ¡Pobre pequeña! mírala, está indefenza, infeliz... y tú, ahí te quedas mirándola y haciéndote daño en silencio, mientras ella se vuele loca. No sabes. ¡No sabes! ¡No tienes idea de lo que pasa por su mente, eres un imbécil, deberías morir, le harías las cosas más fáciles a esa pobre!
-De pronto grité, desperté llorando y estaba mirándome. ¡Mierda! volví a derrumbarme.
Nuestro y nosotros, ¿lo recuerdas?... Creo que no.
