Ruge, ruge querida mía, ruge cual león fiero se enfurece con su presa. Grita América mía, chilla, que tu Dios te ha dejado, que clamas ayuda y nadie te ha de socorrer. Mi niña hermosa, yo estuve cuando tú me necesitaste, mas cuando yo te necesité a mi lado, me diste la espalda. Ya no estás aquí, mi preciosa, pero se que pronto la vida nos unirá de nuevo, no se cuándo ni dónde, pero guardo la esperanza de que vuelvas a abrazarme y a decirme que todo estará bien. Hay que salir a dar la cara, hay que levantarse y con la frente en alto, seguir adelante. Me has dejado, pero aún sigues en lo más profundo de mi alma, miles de recuerdos me invaden... Adiós mi negra, vuelve pronto.