No escribo vidas, ni la tuya ni la mía, tampoco soy dramaturgo de nada, ni siquiera de la historia en la que me veo envuelta, minuto a minuto; segundo a segundo. Siempre he tenido muchos miedos, desde los nueve años que le temo a la oscuridad, desde los 10 a la soledad y desde los 11 al espejo. No es fácil superar miedos, aun que tampoco quiero, sería menos difícil si tuviera esperanza de hacerlo. No se qué es verdad ni lo que no lo es, lo único que se es que no puedo volver a abrazarlo como quisiera, no puedo volver a besarle los labios, no puedo volver a darle la mano, ni siquiera puedo volver a mirarlo y preguntarle '¿cómo estás?' por que es un amor que, siendo el primero, no es el único y no será el último; porque se que estará ella ahí, sabiendo que lo amo, sabiendo yo, que ella lo ama, sabiendo los tres que él solo la ama a ella, sabiendo yo, que jamás volverá, sabiendo ella, que jamás la dejará.