Moriré.

Cada segundo en el que cruzamos miradas y me sumerjo en el mundo que creé para los dos en el color de sus ojos; muero un poco más sin darme cuenta de como sufro cada vez que lo pienso y en cada minuto en el que su nombre se grava más en mi piel, me duele tanto como si hubiera sido ayer. El corazón me duele tanto que comienza a caerse y siento que el mundo se vendrá encima cada vez que me saluda y tengo que besarle la cara cuando en realidad me muero por besarle la boca en el segundo más eterno que puedo imaginar, en el cual me sumergiría en el pequeño espacio del hermoso color de sus ojos y mi piel se fundiría al calor de sus manos, y mis ojos permanecerían cerrados hasta saber que será mío otra vez y que no tendré que luchar por él, hasta que esté segura de que todos tengan claro que es mío y de nadie más. Cada pensamiento que lleva su nombre comienza a suprimirse en cuanto me doy cuenta de lo que siento y cada sonrisa me recuerda a la suya y en cada persona que veo, soy capaz de encontrarle hasta el más mínimo parecido, las espaldas, las manos, el pelo, los ojos, su margarita, todo de él parece estar siguiéndome y a cada lado que miro está él mirándome con sus ojos de siempre y lo veo esbozar una perfecta sonrisa que es la que me mata cada segundo de la vida que llevo que no le queda sentido alguno al no estar con él. El agujero en el pecho crece cada mañana más y más y no puedo cerrarlo, por más que me abrace para tratar de juntar los dos extremos, no funciona, parece que algo faltase, y así es, me falta él y cada mañana en que despierto creyendo tenerlo a mi lado me desilusiono, y mi mundo parece desmoronarse mientras trato de encontrar la fórmula perfecta para volver a estar con él, y cada noche en la que me preparo para irme con él en el más perfecto sueño, recuerdo que ya no es mío y siento que una lágrima roda por mi mejilla, mientras trato de conciliar el sueño su perfecta cara llega a mi mente y por más que abro los ojos para dejar de verlo, sigue ahí como sonriéndome y yo vuelvo a sonreir, pero me doy cuenta que estoy entrando a sueño, por lo que se que esto no es real y vuelve a caer una ácida lágrima por la mejilla aún mojada.