Había una vez...

Había una vez, una señorita, que cuándo pequeña cavó un pozo muy muy muy hondo, era una trampa para osos. Cuándo ésta señorita creció, se enamoró, de otra señorita, como era común; se enamoraron, y, salieron a dar un paseo por el bosque, lo que ellas no sabían es que la trampa que la señorita había cavado hace tanto tiempo, seguía ahí. Iban caminando, mientras se profesaban el profundo amor que sentían la una por la otra, cuando la señorita cayó en su propia trampa. Su novia no sabía lo que pasaba, no la encontraba; la amaba tanto que se puso como loca, gritaba desesperadamente que saliera de donde estuviese, que la estaba matando al estar lejos de ella. La señorita por más que le gritaba su ubicación, su novia no la encontraba, no eran capaces de comunicarse, de repente, la voz de la señorita se fue transformando hasta llegar a ser un sordo chillido, que su novia seguía sin escuchar. La señorita optó por callar, para no dañar los oídos de su amada. Mientras que su novia seguía buscándola. Al poco tiempo de la desaparición de la señorita, su novia murió de pena, recostada en su cama que se humedecía conforme la señorita lloraba por su novia, y la novia por su perfecta señorita.