Duele fingir que estoy bien, sabiendo que por dentro me caigo, me derrumbo, me desfiguro, y muero muy de a poco, concibiendo tanto dolor que a penas lo puedo soportar. Es tanto dolor que a veces me pregunto de donde saco tanta fuerza para seguir adelante, y me pongo a pensar. . . si ya estoy tan abajo, no puedo seguir bajando, tengo que subir. Y me doy fuerzas para seguir adelante, a veces muriendo, a veces sonriendo de verdad, a veces muriendo y sonriendo para el mundo. Finjo, que nadie puede saber lo que siento, finjo hasta cuando el mundo se derrumbe, seguiré fingiendo en la muerte, que a nadie le interesa lo que siento. La distancia sigue matando la relación, por aquel arrebato de amor y pasión, pierdes otras muy importantes, por un arrebato en falta de lucidez, pierdes la relación que te mantiene viva, la que te levanta una y otra vez. Así muero de a poco, prefiero acabar con el dolor pronto, en episodios, así cuando vuelva a sentirlo, volveré a terminar rápidamente con él, quedando con recuerdos, para así saber siempre la basura en la que me convirtió el sentimiento frenético de tocar su boca.